Presentado Amb ulls de nena, un diario de la Barcelona de la Guerra Civil Española escrito por Encarnació Martorell entre los 12 y los 14 años. Un hallazgo que ha tardado setenta años en ver la luz Opina sobre esta noticia en el Blog Barcelona.
El 19 de julio de 1936 Encarnació tenía doce años. Vivía en la calle de la Diputació, 458, con sus padres y dos hermanos, estudiaba en el Grupo Escolar Ramon Llull, creado por el Patronato Escolar del Ayuntamiento de Barcelona, y había empezado las vacaciones.
Desde el balcón de su casa siguió los sucesos de aquel día -"un tráfico impresionante; un tiroteo constante. Los autos llevan pintadas las letras CNT-FAI o bien UGT, AIT y muchas otras"- y decidió empezar a escribir sobre lo que fue viviendo durante la guerra.
Salieron 117 relatos, acabados abruptamente el 7 de enero de 1939 (poco antes de la entrada de las tropas franquistas) por el impacto que un hecho luctuoso tuvo en aquella chica de catorce años: la muerte, a raíz del bombardeo durante la Nochebuena anterior, de Pepe Bueno, un chico de quien estaba platónicamente enamorada.
Estos relatos, escritos en lápiz en cuadernos del Patronato Escolar, permanecieron setenta años guardados en un altillo. Nadie los había leído antes, ni siquiera la familia de Encarnació, que no sabía de su existencia porque los escribía a escondidas: "era algo personal que me servía para alejarme de según qué preocupaciones y para desahogarme un poco".
El hallazgo de un tesoro
¿Cómo es que ahora han salido a la luz en forma de libro? Pues gracias a la intervención del investigador Salvador Domènech, quien contactó con ella cuando preparaba un libro sobre la escuela de la República. "Cuando vi este material, tuve la sensación de que había encontrado un tesoro", explicó Doménech, que ha asumido la edición de los textos recogidos en Amb ulls de nena, presentado por Ara Llibres recientemente.
La escritura no era algo nuevo para Encarnació. Amante de la lectura y buena redactora -como recordó Josefina Portella, una compañera de escuela presente en la rueda de prensa que reconoció que la envidiaba porque le salían unas redacciones muy buenas-, Encarnació había sido escogida por la directora del G. E. Ramon Llull, Anna Rubiés, para que fuera la cronista de la escuela.
¿Pero qué le llevó a empezar aquel diario el 19 de julio de 1936? "Me decidí a escribir debido a la importancia que vi que tenía la rebelión de los militares de la época contra el Gobierno legalmente establecido, y que eso indignaba mucho al pueblo", explicó Encarnació, ahora una señora de 84 años con de pelo cano primorosamente peinado y una incipiente enfermedad de Parkinson.
Y lo fue redactando -aunque no cada día, porque "iba muy mareada para conseguir comida, pero siempre que podía intentaba ponerlo al día"- hasta poco antes de la entrada de los franquistas en Barcelona.
Encarnació, que se confiesa "sorprendida por el interés que este diario generó en los editores", pensaba que el texto no tendría éxito porque "las vicisitudes para encontrar comida llenan gran parte del texto". "Me parecía muy reiterativo: el hambre, el hambre, el hambre. Un hambre que no te dejaba vivir; que no se acababa nunca", comentó la autora.
También anunció que si el libro se vendía bien y se hacían nuevas ediciones, una parte de los beneficios se convertirían en un donativo a la investigación de la enfermedad de Parkinson.
Bombas y hambre en Barcelona
Los editores lo han presentado como la Anna Frank catalana -"no podía estar influenciada por Anna Frank porque empecé antes que ella", dijo Encarnació-, pero más allá de las reflexiones propias de una adolescente atrapada en una guerra, el libro da una interesante visión de la vida de la ciudad durante aquellos tres años de escasez, privaciones y bombas.
Con estilo desenvuelto y una madurez sorprendente en una escritora tan joven, describe los bombardeos -desde el pánico inicial hasta cómo llegó a acostumbrarse a ellos hasta el punto de dejar de refugiarse-, la picaresca de los más desfavorecidos para mejorar unas raciones escasas -el episodio de la falsificación de las tarjetas de racionamiento-, recortes de conversaciones oídas en las colas para obtener productos de primera necesidad, el desánimo cada vez que una compañera de escuela decía que se iba de Barcelona por las bombas, la insalubridad de algunos comedores populares o la vergüenza despertada por un vestido roto.
Inquieta y curiosa, el interés de esta niña no se detiene aquí. En los cuadernos aparecen apuntadas informaciones internacionales -la ocupación japonesa de la China, la unificación de Austria y la ocupación alemana de Checoslovaquia- y hechos de la guerra que le tocaron vivir -la creación del Ejército popular, la toma y posterior pérdida de Teruel o la marcha de los brigadistas internacionales.
Odio a la guerra
Y si el hambre es un tema recurrente, también lo es el rechazo y odio que la autora experimenta por la guerra. Pero quien esto firma quiere destacar dos frases en particular: "Si yo fuera novelista... ¡Qué novelas haría!" (p. 102) y "¿Cómo debió de ser la vida sin poder leer y escribir? ¡Qué aburrimiento!" (p. 156), porque sin la guerra y su resultado final, quizás Encarnació habría podido continuar estudiando y ahora sería una de las grandes de las letras catalanas.
A pesar de la dureza de la situación que recrea, la frescura y espontaneidad de su estilo, al mismo tiempo cuidadoso y trabajado -los editores han reconocido que no le han tocado ni una coma-, y la inmersión en el latido de la vida popular, hace de Amb ulls de nena una lectura absolutamente recomendable.
Y quizás tildarla de auténtica delicia puede parecer fuera de lugar, pero una servidora ha disfrutado cada página. Salvador Doménech tiene toda la razón: es un tesoro. No se lo pierdan por nada.